Vivian Maier Expuesta a 1342 metros sobre el mar.

Manuela Sanoja, Forbes EspaƱa, 10 July 2021

Forbes España

Pancho Saula inaugura su galería, Alta, en Andorra con una exposición de la conocida como "la fotógrafa niñera".

 

Para Pancho Saula abrir una galería de fotografía era un paso lógico tanto desde el punto de vista de su carrera profesional como desde el personal. A lo largo de su vida ha dirigido la agencia de modelos Elite en España, ha montado su propia agencia de fotografía en la que representa a artistas, y él mismo es fotógrafo (además de coleccionista). «He tenido la idea en la cabeza durante mucho tiempo, y el timing ha llegado ahora», dice. 

 

Su galería nada tiene que ver con esas salas de exposiciones frías con suelos de hormigón, muros pintados de blanco e iluminación artificial a las que estamos acostumbrados. Tampoco está en el centro de una bulliciosa ciudad. Es un espacio que forma parte de su propia casa, aunque cuenta con una entrada propia. Lo que le da cierto punto de calidez y cercanía, pero sin violentar la intimidad de su hogar. 

El hecho de que esté en el mismo sitio que su vivienda no es lo único que hace de esta sala de exposiciones un lugar especial. Su localización es la clave. Está a 1342 metros por encima del nivel del mar, entre las montañas el pueblo de Anyós (Principado de Andorra). De ahí, su nombre: Alta. Cuando decidió sacar adelante el proyecto, el fotógrafo jugó a traducir palabras del inglés al latín y al italiano. La elegida fue high, en inglés, que en italiano es alta (y en español, elevada, que hace referencia a su situación geográfica). 

 

Por si fuera poco, el espacio está totalmente acristalado, así que «desde todos los puntos tiene unas vistas preciosas de la naturaleza que la rodea. Y funciona muy bien con la fotografía porque se ilumina con una luz natural muy bonita«, explica Saula. En este entorno casa perfectamente el disfrute de una buena exposición de fotografía. Y la elegida para inaugurar la sala (el próximo 17 de septiembre) es nada más y nada menos que Vivian Maier. 

 

La elección de la apodada como «la fotógrafa niñera» (por haber ejercido durante más de cuarenta años como cuidadora infantil) no fue baladí. «Empezamos con Maier porque es una fotógrafa popular muy buena y tiene precios aún accesibles. Quise encontrar un perfil que permitiera una buena manera de empezar a coleccionar», explica Saula. Y Vivian funciona porque es un oxímoron. Un clásico recién descubierto. Una documentalista que sin duda puede codearse entre los mejores del siglo XX, pero a la que no conocimos hasta hace a penas unos pocos años. Lo que hace que su obra infunda un grandísimo respeto y admiración, pero que sus precios no sean tan altos porque aún hay copias disponibles. 

Esta estadounidense de origen francés y austro-húngaro empezó con la fotografía en 1949, dos años antes de afincarse en Nueva York, donde perfeccionó su técnica. Desde entonces y hasta finales de los 90, capturó la vida callejera de la Gran Manzana y de otras ciudades estadounidenses como Chicago. Pero disparar con la cámara no fue lo que le dio de comer. Si lo hizo, en cambio, durante décadas, su trabajo como niñera. 

 

En sus últimos años de vida, Maier cayó en la pobreza. Y aunque tres hermanos de los que había cuidado le pagaron un piso en el que vivir y se encargaron de cuidarla, muchas de sus pertenencias acabaron apiladas en almacenes. Uno de ellos, en el que se encontraban los más de 100.000 negativos que había guardado, fue subastado para hacer frente a facturas impagadas. 

 

En 2007, Vivian fue descubierta por John Maloof, un historiador y coleccionista estadounidense, que se hizo con los derechos de toda su obra y creo -junto con Howard Greenberg, el galerista más importante de Estados Unidos- un Estate para la fotógrafa. Ambos se encargan de proteger el patrimonio de Maier y de comercializarlo. 

 

Entre lo que aún queda disponible de la obra de esta artista, Saula ha hecho una delicada selección para colgar en Alta. «Escogí las que me resultaron más interesantes y estimulantes. Traté de que hubiera coherencia entre ellas, que contaran una historia y funcionaran juntas», indica. Las primeras copias de Maier que salieron al mercado fueron reveladas en blanco y negro, sin embargo con el paso del tiempo se hicieron también en color. Saula ha querido hacer una selección de ambas. En total, la exposición se compone de 14 fotos, cuyos precios varían entre 3.500 y 7.000 euros enmarcadas delicadamente. 

 

La diferencia de precios tiene una explicación sencilla: «Varían en función de la disponibilidad de la edición. Cada imagen de Maier tiene solo 15 copias. Cuando empiezas la edición, la número uno tiene el precio más bajo y a medida que van quedando menos, el valor va a aumentando. Es una forma muy típica de las galerías para estimular a que los coleccionistas se animen a comprar antes que después. El primero en adquirir una copia, lo hace a un precio más interesante. Es como las acciones en bolsa, si llegas de último, pagas más caro. Además cuando sabes que se ha vendido toda la serie, tienes un plus».

 

A pesar de que uno de los objetivos de una galería sea hacer negocio, para Saula el dinero no es la única motivación. "Bajo mi punto de vista, la fotografía no es un lugar al que uno va a especular. Aunque cada uno es libre de hacer lo que quiera, yo nunca lo he hecho de esa manera. La fotografía no es una criptomoneda que compras para venderla dos meses más tarde. Para mí lo importante es disfrutarla. Es un objeto que se compra porque estéticamente se tiene un diálogo con él". 

De hecho, lo que busca este galerista es el enriquecimiento que le va a aportar su espacio y contagiar la pasión por la fotografía: "La gente con la que me voy a encontrar y las cosas que se van a provocar a partir de esta actividad. Ya estoy en contacto con dos escuelas de Andorra para hacer visitas con los chavales. Es una parte que me apetece muchísimo porque implica hacer cantera y explicarles el medio. También me interesa el contacto con los adultos y apasionados de la fotografía. Es cierto que una foto es un trozo de papel, pero detrás de él hay historias. La del fotógrafo que la tomó, la del medio, la del momento en el que se hizo, la de quién y cómo la fotopositivó, lo que le ha ocurrido desde el momento en el que se realizó hasta que ha llegado a mis manos… No es el objeto per se, sino todas las variantes que hay alrededor", concluye. 

 

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